26 Jun
  • By LovexairAdministrador
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El asma alérgica y el lavado nasal

El asma alérgica se caracteriza sobre todo por la aparición de tos y de sibilancias al respirar. También pueden aparecer otros síntomas asmáticos, como por ejemplo más secreción de mucosidad de lo habitual a nivel nasal y bronquial. La particularidad del asma alérgica reside en que se desencadena por la inhalación de alérgenos: polen, ácaros, polvo, moho, pelo de animales… sustancias aparentemente inofensivas pero que en personas alérgicas pueden desencadenar una respuesta que empieza en el sistema inmunológico. La persona asmática, al entrar en contacto con el alérgeno, produce el anticuerpo IgE. La combinación del alérgeno con el anticuerpo IgE produce la secreción de los mediadores (como la histamina), unas sustancias químicas que, a su vez, causan la inflamación de las vías respiratorias, pudiendo llegar a desencadenar los síntomas del asma.

 

El contacto entre el alérgeno y la mucosa es el que inicia el asma alérgica. ¿Qué pasaría si disminuyéramos este contacto, si pudiéramos sacar el alérgeno del lugar dónde se inicia la respuesta alérgica? Es de esperar que la reacción del cuerpo sería mucho menos intensa.

 

Acostumbramos a inspirar por la nariz. La nariz tiene la función de humedecer, filtrar y calentar el aire que entra en nuestro cuerpo. Es allí donde se depositará una importante parte de las partículas alergénicas que podrían desencadenar una crisis asmática.

 

Es en este punto es muy importante el lavado nasal. Se trata de una técnica que consiste en hacer pasar agua salada a través de las dos fosas nasales con el fin de evacuar secreciones, suciedad y alérgenos gracias a la capacidad de arrastre del líquido. Existen diversas técnicas de lavado nasal. Por una parte necesitamos solución salina: agua de mar, suero o agua con sal. Por la otra necesitamos un utensilio que nos permita introducir el agua en la nariz: una jeringuilla, sprays, peras de goma, lotas (recipiente de 200ml diseñado especialmente para lavar la nariz), etc.

lavado nasal

 

El objetivo del lavado nasal será hacer pasar agua por las cavidades nasales para expulsar la máxima cantidad posible de partículas alergénicas del contacto con la mucosa, de manera que la respuesta alérgica pueda ser menos intensa de lo esperada que si el contacto persistiera. Así pues, el lavado nasal es un gesto que se puede introducir de manera cotidiana en la vida de las personas, ayudando a aquellas que tengan asma alérgica a gestionar su enfermedad.

 

Otras indicaciones del lavado nasal serán: rinosinusitis crónicas o agudas, goteo postnasal y tos crónica debido al goteo, pretratamiento con corticoides nasales, cuidados postcirugía endonasal, catarros y resfriados, poliposis, enfermedades respiratorias crónicas con hipersecreción, etc.

 

Teniendo en cuenta que en nuestra cultura el lavado nasal es un gran desconocido, os detallamos cómo debería efectuarse un lavado nasal con todas las garantías de éxito.

 
lotaPara empezar necesitamos una lota o neti (que será un recipiente especialmente diseñado para lavar la nariz, como una taza pero con un tubo saliente), agua y sal. El agua deberá ser preferiblemente tibia, de manera que el lavado sea más agradable. La sal es preferible que sea sin aditivos. También nos ayudará tener unos pañuelos a mano. Introducimos el agua tibia y la sal en la lota. Actualmente muchas lotas ya tienen su propia cucharita medidora de sal, pero si la lota que tenéis en casa no la tiene, bastará poner una cucharadita de postre rasa de sal. Mezclamos bien. Seguidamente nos instalamos frente a un fregadero, flexionamos el tronco hasta estar de cara al fregadero, colocamos el tubito da lota en uno de los orificios nasales y, respirando por la boca de manera pausada, vamos girando la cabeza hacia un lado. El agua fluirá a través de las fosas nasales y acabará saliendo por el otro orificio. Cuando hayamos vaciado la mitad, paramos, nos sonamos y repetimos del otro lado.

 

¡Precaución! Algunos autores advierten sobre los posibles efectos adversos sobre el oído. Para evitar efectos indeseables a este nivel, deberemos ir con cuidado a la hora de sonarnos. Para empezar espiraremos de cara al fregadero de forma larga y suave por los dos orificios, de manera que salga el agua restante, evitando cualquier exceso de presión que pudiera enviar moco o agua hacia el conducto auditivo. En segundo lugar cogeremos un pañuelo para secarnos. Nos incorporaremos y realizaremos una inspiración profunda con los dos orificios destapados para sonarnos hacia atrás. Repetiremos esta inspiración rápida y profunda con un orificio tapado y luego con el otro.

 

Problemas frecuentes con los que nos podemos encontrar y su solución:

1.- El agua llega hasta la garganta y no podemos respirar. Solución: Flexionar la cabeza de manera que no nos podamos ver en el espejo que quizá tengamos delante si estamos en el baño. Debemos poder ver nuestra axila.

2.- El agua no sale por el otro lado. Solución: quizá también tengamos que flexionar más la cabeza o quizá tengamos tantas secreciones o tanta inflamación de la mucosa que hay un tapón que no deja pasar el agua. Si el problema es originado por exceso de secreciones pegadas. Lo intentamos unos segundos y si no conseguimos que pase el agua paramos, y al cabo de un rato lo volvemos a intentar. El poco agua que habrá pasado ayudará a bajar la inflamación y habrá empezado a diluir las secreciones. Al cabo de un rato nos será más fácil conseguir nuestro objetivo.

3.- Hemos hecho pasar el agua de toda la lota a través de los orificios pero aún notamos secreciones en la nariz. Solución: volvemos a llenar la lota y volvemos a empezar.

4.- Al sonarnos notamos que la oreja se tapona. Solución: disminuir la fuerza y la consiguiente presión a la hora de sonarse, y/o comprobar que el aire puede circular antes de iniciar las inspiraciones.

5.- Nos sigue bajando agua y/o secreciones muy líquidas durante un tiempo después del lavado. Solución: tener un poco de paciencia y sonarse respetuosamente (sin grandes presiones y mejor hacia atrás que hacia delante). Seguramente los senos se han llenado de agua, estaban encharcados de secreciones y se van liberando poco a poco.

 

Aunque a la mayoría de personas les puedan beneficiar los lavados nasales, no hemos de olvidar que existen unas pocas contraindicaciones. No deberemos realizar lavados nasales si padecemos epistaxis (sangrados nasales) importantes, si nos hemos sometido a cirugía endoscópica nasal (ya que la solución salina podría acumularse dentro de las cavidades) o si tenemos el reflejo de la deglución disminuido.

 

Si usted no presenta ninguna de estas limitaciones, podrá beneficiarse en gran medida del lavado nasal.

 

Anna Ferran Roig

Fisioterapeuta especialista en aparato respiratorio